El 2025 fue el año en el que me cuestioné por primera vez mis estándares, mi forma de liderar y mi manera de entregarme al trabajo.
Hoy estoy del otro lado de la confusión, pero por un momento creí que era incorrecto sentirme feliz haciendo “solo una cosa la mayoría del tiempo”.
Que era raro que no me llame tanto la atención ningún otro espacio o actividad.
Que mi vida debería verse más "balanceada" entre las cosas a las que le dedico tiempo. Para tiempo de amigos, más movimiento, más preparando comidas saludables, más ordenando la casa.
Me empecé a comparar con los que hacen "menos" profesionalmente y hasta probé rutinas que me hacían cortar cuando solo tenías ganas auténticas de quedarme un rato más.
No sé quién me vendió esas ideas.
Tampoco por qué se las compré.
Creo que socialmente pasamos de la narrativa de “hacer mucho es tener éxito” a la de “hacer lo menos posible es tener éxito”. De un lado del péndulo a otro.
Y lo que recordé con todo este vaivén es que "el balance" es personal y que la forma en la que se ve mi vida solo me tiene que hacer sentido a mí, bajo mis propios términos.
En medio de la crisis, llegó a mí esa pregunta repetida sobre el propósito…
Si tuvieras todo el dinero del mundo, ¿qué harías?
Y mi respuesta fue: "exactamente lo que ya estoy haciendo".
“Pero y si no necesitas encargarte de esto, ¿por qué lo harías?”.
“Y si puedes crear un sistema que lo sostenga todo e irte a disfrutar de otras cosas, ¿qué elegirías?”.
WTF!
¿Qué clase de preguntas son estas? Pensaba.
Si tuviera todo el dinero del mundo, haría exactamente lo que ya hago, solo llevaría la escala a X10 más grande.
Una amiga, a la que le conté que estaba pasando por esta tormenta, me dijo algo que me regresó a mí:
“Dani, tú naciste para ser Daniela Morales y nadie más tiene la responsabilidad de serlo. Nadie va a sostener tu visión por ti. De hecho, nadie la tiene que entender. Nadie va a soñar lo que tú sueñas. Es tu trabajo ser quién eres y mostrarle eso al mundo”.
PUF!
Ese día algo cambió dentro de mí.
Entendí que me había perdido buscando validación de cómo se debía ver mi entrega, mi trabajo, mi pasión, mis formas, mi manera de hacer las cosas, mi estilo de vida.
Y mientras tanto, la vida me estaba diciendo:
“No, hermana. Tú no viniste a seguir un camino, TÚ ERES EL CAMINO”.
Lo más raro es que allá afuera todos admiran a esas figuras que hacen historia en diferentes industrias.
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Nadie dice que Messi está entrenando demasiado y que debería bajarle dos. Que no es necesario que vaya a todos los entrenamientos.
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Nadie dice que Guillermo del Toro debe tomarse un descanso de sus todas las lecturas que hace y las investigaciones intensas para crear personajes en sus películas.
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Y nadie dice que el tour de Taylor Swift, con conciertos de más de 3 horas que la llevaron a entrenar por meses y meses, o la pusieron a cantar mientras corría en la cinta de correr, son una locura.
Pero cuando se trata de nuestra propia vida o la de alguien cercano… nos incomoda salirnos del margen, de la norma.
Porque eso choca con las ideas del común de las personas.
“¿Acaso no todos queremos vacaciones?”
“Es raro que te guste tanto lo que haces, ¿no?”
“Deberías dedicarle más tiempo a otras áreas de tu vida”.
Toda esa conversación mental se me metió en la cabeza.
Y es la misma conversación que tuve que reconfigurar para sentar nuevas bases de quién quiero ser, cómo me quiero mover por el mundo y cómo quiero impactar en las personas. Desde esas nuevas bases nace...
HACER HISTORIA:
La Residencia de Storytelling
Un lugar en el que entras a crear la próxima etapa de tu negocio con foco total, acompañada por mí y un entorno de seres que elevan y sostienen tus estándares.
Un espacio en el que no tienes suavizar lo mucho que te importan tus creaciones y puedes sacar afuera todas las ideas delirantes que tienes en tu cabeza y tu corazón.